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viernes, 31 de mayo de 2013

Cigarrillo: historias de ex fumadores (II)


El 31 de mayo se celebra el Día Mundial del No Fumador. Este año me propuse presentarles algo distinto, testimonios de ex fumadores de algunos de mis seguidores en @gentesaludable.

María Agnello, tiene 46 años, vive en Carabobo, Venezuela. Comenzó a fumar formalmente a los 18 años una vez que ingresó a la universidad “cuando profesores y alumnos fumábamos en la misma aula”. Su papá era fumador pero no supo que ella había iniciado el vicio hasta que se casó.

“Me casé en el año 1992 con 25 años, luego de 6 años de noviazgo, él no fumaba y por eso peleaba constantemente conmigo pero yo no le hacía caso. Un año después, el día que supe que estaba embarazada de mi única hija, tenía una cajetilla en el bolsillo, la agarré y la boté” cuenta María.

Durante el embarazo el olor de sus dos vicios: el cigarrillo y el café, le repugnaban, lo que la mantuvo alejada de ellos. No fumó más hasta que su hija tuvo los 2 años de edad.

En este proceso su padre muere, cuando su hija apenas tenía 3 meses de nacida, la razón de su muerte: un enfisema pulmonar, causado por el cigarrillo. Aun así, ni ella ni sus 3 hermanas fumadoras abandonaron el vicio de inmediato.

“Yo no sentía nada extraño en mi cuerpo, a pesar de tener tantos años fumando, sin embargo, hacía solo eso, fumar, en cualquier momento. Cuando mi hija cumplió 5 años, mi esposo empezó a fumar; en breve descubrí que se había iniciado en el vicio, nuestro matrimonio se desmoronaba” recuerda María con tristeza.
Su hija entonces empezó a sufrir las consecuencias de los dos adultos de la casa “recuerdo que él comenzó a fumar cigarrillos caros porque según hacían menos daño. Así los dos manteníamos la casa envuelta en humo y mi niñita en medio, comenzó a tener alergias constantes, bronquitis; yo me sentía culpable pero aun así no lo dejaba”.

María cuenta que cerca de sus 30 años, es cuando empieza a notar el impacto de este vicio en su vida y en su cuerpo, “empecé a sentirme cansada, siempre tuve linda figura y empecé a perderla; si caminaba rápido sentía que moría; a medida que pasaban los años empeoré, por las noches me ahogaba al dormir, me asfixiaba, me costaba tragar; empecé a sentir un dolor en el hombro derecho que alcanzaba hasta la espalda por el mismo lado; la idea del cáncer rondaba mi cabeza. Luego vinieron los ataques de tos nocturnos, era una pesadilla para mi esposo y mi hija. Todas las noches me decía –a partir de mañana no fumo más- pero mi esposo seguía fumando y yo apenas lograba suspenderlo una semana y volvía de inmediato”.

“Me inscribí en el gimnasio porque empecé a verme flácida y con pancita, se me retrasó la menstruación y pensé que estaba embarazada; me hice exámenes médicos y resultaron quistes en los ovarios. El tratamiento incluía pastillas anticonceptivas que en conjunto con el cigarro fueron haciendo una bomba de tiempo en mi organismo. A los 3 meses, mientras me ejercitaba frente a mi hija, sentí taquicardia y caí desmayada partiéndome la nariz, solo escuchaba los gritos a lo lejos de mi hija. Todo lo que siguió fue muy traumático para mí, la cirugía, la recuperación, mi hija a toda hora preocupada y pendiente, decidí que ella no merecía esto”.



Así fue como María empezó el proceso de dejar el vicio, su esposo se empató en eso también, según nos cuenta no le costó tanto a él, pero a ella, mucho. “En las tardes tenía ataques horrorosos de ansiedad, los calmaba a punta de chocolates y de todo lo que mi familia me daba para que no recayera. Aumenté 7 kilos pero increíblemente me sentía bien, finalmente RESPIRABA, sentía los olores. Llevaba la cuenta minuciosamente: 1 mes, 2 meses, 6 meses, un año. Cada mes me hacía un regalo, pues todo lo que gastaba en cigarros ahora podía gastármelo en algún cariñito para mí”.

Su calidad de vida, la de su esposo y la de su hija, cambió y mejoró significativamente, el entorno familiar también y la relación de pareja limó todas sus asperezas. “Volví al gimnasio bajo vigilancia y tratamiento cardiológico, sigo con 4 kilos de más pero me siento feliz, sana, sexy y tengo una meta: correr mis primeros 10K en diciembre de este 2013, que es el mes en el que celebro un año más de vida”.

María respira, no solo su nariz, su alma y su cuerpo. Luego de 26 años fumando y 21 de matrimonio, ahora todo lo ve con otra mirada. Ella tiene 1 año y 8 meses sin fumar. Su hija ya tiene 18 años y estudia psicología. “Ahora me siento estupenda, puedo correr sin sentir que muero, no sentir dolores de ningún tipo.

Tener la piel de la cara luminosa y que la gente me lo diga. Ver a mi hija contenta es mi mejor recompensa, siempre me cuida mucho, supongo que por la mala experiencia de aquella vez”.

“Con mi esposo, después de que ambos dejamos el cigarrillo, la relación mejoró aún más. Ahora somos más compinches, más amigos, tenemos otros intereses, somos deportistas, hacemos ejercicios juntos, aunque ambos tengamos unos kilitos de más, no importa, yo me siento bella, sexy, con mis curvas y lo que tengo. 

Ahora como pareja nos sentimos con más vitalidad” nos cuenta María entre risas pícaras.


Cada historia que consigo me conmueve más, el “antes y después” de un fumador, es algo que vale la pena experimentar. Anímate, tu salud y tu vitalidad, te lo agradecerán. Sonríe siempre. Hasta la próxima.

viernes, 24 de mayo de 2013

El cigarrillo: historias de ex fumadores (I)




Todos los años escuchamos tipo radio prendido, una y otra, como el “cuento del gallo pelón” ¿lo recuerdan? Todo ese asunto de que el cigarrillo es malo, nocivo, que daña tus pulmones, que te resta vida, y una infinidad de etcéteras.

En esta oportunidad, conocí a Lina Andrade, ella vive en Píritu estado Anzoátegui, en Venezuela, tiene actualmente 36 años y 4 hijos: Carla de 16, Kike de 13, Carlos Augusto de 9 y Jean Carlos de 6 años. Ella nos contó su historia de fumadora que se extendió a lo largo y ancho de 13 años “descontando los embarazos” dice ella, ya que en cada embarazo dejaba de fumar hasta que terminaba de amamantar a sus bebés, luego inmediatamente volvía.

A los 14 años, por moda, comenzó el vicio a escondida de sus padres, en el liceo, luego lo continuó porque sentía calma ante la ansiedad. A los 18 años se casó con el padre de sus cuatro hijos, fumador también y a los 20, ya la pequeña Carla venía en camino “apenas supe que estaba embarazada de cada uno de mis hijos paraba el cigarrillo”.

“El cigarro era la muleta que me calmaba para seguir, mi calmante a tanta presión, mi resguardo, mi escudo. Todo lo arreglaba con un cigarrillo y un café. Mi calmante a la presión diaria, el trabajo (agente inmobiliario), la familia, la presión que existía y la que yo misma me creaba. A veces te estresas sin motivos o buscas algo para estresarte, a todo eso yo le huía con un cigarro”. Cuenta Lina con palabras precisas como si estuviera hablando de su mejor amigo o de su peor enemigo.

Hace 6 años, un día cualquiera, sin esperarlo o esperándolo silenciosamente con las súplicas a Dios en la cúspide de los labios, su esposo, luego de estar 6 meses enfermo con problemas de hipertensión y cardiovasculares en general, le sobrevino un infarto que lo apartó de su familia, en noviembre de 2006. “Imagínate, todo se derrumbó, todo quedó en negro, se acabó el color. Era el mejor padre que un niño podía tener, un amigo excelente de esos comprometidos, era un excelente ser humano; sus hijos y yo éramos su tesoro, era amante de su familia”.

Lina, al principio no vinculó directamente la muerte de su esposo con el cigarrillo, estuvo en evasión durante un largo tiempo. “Realmente nunca culpé al cigarrillo, cuando eres fumador no quieres asociarlo a nada tan terrible. Además que te imaginarás que el cigarrillo se volvió para mi más indispensable, fumé con mayor intensidad a partir de su muerte durante un año más; pero luego atravesé por mi propia guerra psicológica interna, hacía ejercicios y cuando terminaba me fumaba mis cigarrillos”.

Su vida dio un giro, el pequeño Jean Carlos tenía apenas 1 mes de nacido y ella no pudo seguir amamantándolo por su profunda depresión, se refugió en el cigarrillo “para mi era imposible dormir, fumaba al menos de 3 a 3 cajas y media al día. Aproximadamente a los dos meses, después de que paso la primera tormenta, la muerte, el velorio, el entierro, el aceptar que no llegará, decidí que todo tenía que empezar a cambiar”.

Es así como Lina nos cuenta cómo empezó a cambiar su historia a través del ejercicio “Empecé a caminar, caminaba 1 hora u hora y media, así que empecé a bajar el consumo de cigarrillo ya que estaba más cansada y por ende podía dormir durante la noche, llegaba de caminar a las 6am, desayunaba, tomaba café y fumaba algunos cigarrillos durante el día. De pronto decidí ponerle un stop por 5 meses, tiempo en el que aproveché de amamantar a Jean Carlos ya que la leche nunca dejó de salir y luego retomé el cigarrillo”.

Cuando Jean Carlos tenía 3 años de edad, Lina afrontó de cerca la muerte por cáncer de pulmón, de un amigo muy cercano, Claude Drouin, a quien tuvo que cuidar en sus últimos momentos. Estando ella presente, él falleció en un conato de tos y ahí fue cuando determinantemente decidió abandonar el cigarrillo. “Me vi ahí reflejada, me imaginé a mis niños pasando por eso y me dije: Hasta hoy, hasta hoy cualquier mal habito que tenga en mi vida, por mi y por ellos”.

Dejar el cigarrillo es solo cuestión de voluntad, así lo afirma Lina con su testimonio “Ya tengo casi 4 años sin tocar ni un cigarrillo y no lo evito, simplemente decidí que mi vida vale más que nada y me di cuenta que Dios me ama tanto que me regaló 4 hijos para cuidárselos y un nuevo amor para que me acompañe”.

Lina, la guerrera de esta historia, conoció a Frank en el 2007 pero no fue si no, hasta el 2010 que iniciaron una relación y en el 2011 se casaron. “Es un ex.fumador, muy sano, creo que ahora eso sería un impedimento a la hora de escoger pareja. Frank llegó nos conocimos largo tiempo pero en poco logró convertirse en mi ángel y el de mis hijos”.



“Tenemos una alimentación sana, somos casi vegetarianos, deportistas todos, estamos a favor de la salud, reconocemos que es la única manera de estar mucho más tiempo juntos y pasándola bien. Mi hija habla mucho con sus amigos fumadores para hacerlos reaccionar. Diariamente nos aprovechamos en cada momento que podemos estar juntos. Nos consideramos un gran y bello equipo”.

“Dejar el cigarrillo me hizo RESPIRAR con tanta facilidad, es maravilloso, hay mayor agilidad. Ya no tengo ese olor horrible que te queda en las manos, cabello y aliento. Hoy por hoy me cuesta pensar cómo vivía yo con ese olor, siempre supe que eso era feo. Emocionalmente me siento libre, boté la muleta, el cigarrillo es un grillete que reconoces que lo tienes cuando lo dejas”.

Agradecida inmensamente con Lina Andrade @LinaAndrade1412 por regalarme su historia. Hasta la próxima.



viernes, 26 de abril de 2013

Menopausia y hormonas




Las mujeres hoy en día nos preocupamos por demasiadas cosas, algunas con razón, otras no tanto. Sin embargo, en algunas cosas de la salud a veces nos descuidamos. Con esa historia siglo 21 que uno oye en las esquinas “los tiempos han cambiado”, “las mujeres primero nos realizamos profesionalmente y luego pensamos en una familia”, entre otras, lo cierto es que el organismo no ha cambiado en lo absoluto, por el contrario, en la mayoría de los casos está severamente afectado por el estrés, los malos hábitos alimenticios, el cigarrillo, etc.

Uno de los ciclos normales del organismo femeninos para el cual debemos prepararnos es la menopausia. La Sra. Milagros Sperandio, habitante de San Antonio de Los Altos nos escribió preguntándonos sobre este tema y decidimos abordarlo en esta columna. Investigando nos conseguimos con información interesante del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos que vamos a presentar aquí.

La menopausia es un proceso que usualmente se inicia a partir de los 35 años, durante este tiempo, los ovarios producen en forma gradual concentraciones más bajas de las hormonas sexuales naturales: estrógeno y progesterona. El estrógeno promueve la formación normal de los senos y el útero (matriz) de la mujer, controla el ciclo de ovulación (cuando el ovario deja salir un óvulo en una trompa de Falopio) y afecta muchos aspectos de la salud emocional y física de la mujer. La progesterona controla la menstruación y prepara el revestimiento de la matriz para recibir el huevo fertilizado.

La “menopausia natural” comienza cuando la mujer tiene su último periodo, o deja de menstruar, y se considera completa cuando la menstruación ha cesado por un año. Esto casi siempre ocurre entre las edades de 45 y 55 años, pero varía de una mujer a otra. Las mujeres que han tenido cirugía para extirpar ambos ovarios (una operación llamada ooforectomía bilateral) experimentan lo que se llama “menopausia quirúrgica”; es decir, el cese inmediato de la menstruación causado por falta de las hormonas producidas por los ovarios.

Cuando la mujer ha llegado ya a la menopausia natural, la producción de estrógeno ha disminuido en forma significativa. Aunque otros órganos producen concentraciones bajas de esta hormona después de la menopausia, estas concentraciones solo representan cerca de una décima parte de la concentración que se encuentra en mujeres premenopáusicas. La progesterona está casi ausente en las mujeres menopáusicas.



El uso de hormonas para la menopausia (a veces llamado terapia de reemplazo hormonal o uso posmenopáusico de hormonas) consiste en tomar estrógeno solo o estrógeno combinado con progesterona o progestina, una hormona sintética con efectos semejantes a los de la progesterona.

Los médicos pueden recomendar el uso de hormonas menopáusicas para contrarrestar algunos de los problemas asociados generalmente con la menopausia (sofocos de calor, sudores nocturnos, insomnio y sequedad vaginal) o para prevenir algunos efectos a largo plazo que son más comunes entre las mujeres posmenopáusicas, como la osteoporosis (afección caracterizada por la disminución de la masa y densidad de los huesos, la cual causa fragilidad de los huesos).

Las pruebas más contundentes sobre los riesgos y beneficios de tomar hormonas después de la menopausia proceden del Programa Hormonal de la Iniciativa de Salud de la Mujer. Los análisis arrojaron aumento significativo el riesgo de cáncer de mama, de endometrio, de ovarios, enfermedades cardiacas, derrames cerebrales, coágulos de sangre e incontinencia urinaria. Así como también demencia y Alzheimer. Sin embargo, el riesgo de cáncer colorrectal y de fracturas de cadera fue menor en quienes tomaron las hormonas. En este estudio también incorporaron pruebas con falsos estrógenos solo para evaluar el “efecto placebo”.

Los estudios no recomiendan el uso de hormonas a quienes tengan historial de cáncer ya que promueve el crecimiento normal de las células y eso estaría contraindicado en caso de presencia de tumores.

En cuanto a los métodos anticonceptivos, estarían recomendados los que se incorporan en la vagina como el anillo vaginal porque la carga hormonal hacia la sangre es mucho menor.


Para reducir el riesgo de enfermedad crónica, las mujeres pueden adoptar un estilo de vida saludable, hacer ejercicio regularmente, seguir una dieta saludable, limitar el consumo de alcohol, no empezar a fumar o, para las que fuman, tratar de dejar de fumar. Las comidas ricas en calcio y vitamina D o suplementos dietéticos que contienen estos nutrientes pueden ayudar a prevenir la osteoporosis. Los resultados publicados por la WHI indicaron que tomar suplementos de calcio y vitamina D proporcionó algún beneficio para preservar la masa ósea y prevenir fracturas de cadera, especialmente entre las mujeres de 60 años de edad y mayores. Así como también incorporar caminatas diarias de 30 minutos.

En el aspecto sexual, algunas mujeres sienten amplia afectación por la resequedad vaginal, lo recomendable es probar con lubricación alterna que se consigue en las cadenas de farmacias o en tiendas especializadas en elementos para relaciones íntimas. Cualquier cosa será siempre mucho más saludable que llenar el organismo y la sangre de hormonas que pueden predisponerte a enfermedades importantes.

Me piden que les recomiende el libro “Los placeres secretos de la menopausia” de la Dra. Christiane Northrup. Lo buscaré.

Información extraída de la web www.cancer.gov. Hasta la próxima. Sonríe siempre.