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domingo, 30 de junio de 2013

Eres libre, eres fuerte (II)

Hoy continuamos con nuestro tema de la semana pasada sobre la auto-aceptación y el enamoramiento de uno mismo.

A veces nos preguntamos por qué se nos hace tan difícil tener una relación con otras personas, bien sea de amistad, de trabajo, pero en especial de pareja, pareciera que todo lo nuestro choca con esa otra persona y vamos descartando como si se tratara de barajitas, “esta persona no se parece a mi”. Lo fundamental para sanar nuestro entorno es aceptarnos a nosotros mismos, así la aceptación de los demás llegará como un proceso de luz. Cuando me acepto con mis monstruos y mis ángeles, puedo entender con amor que los otros tienen sus monstruos y sus ángeles y aún así pueden amarme y respetarme tanto como yo a ellos y emprender una relación de encuentro.

Voy un poco más al fondo, aceptarte es esa relación que logras contigo mismo cuando te ves en el espejo. Sí, un acto sencillo pero mágico. Si me paro frente al espejo, en medio del descuido me puedo pillar recitando un listado largo de cosas que no me gustan de mi, seguramente una más terrible que la otra. “Mira las manchas que tengo en la cara, mira mis ojeras, qué fea me he puesto; qué viejo estoy y calvo; este pantalón es para un palillo, yo me veo como una hallaca mal amarrada, etc.”. El venezolano por su tan famoso sentido del humor se permite cosas como éstas que, aunque usted no lo crea, lesionan de muerte, la autoestima. Cuando me acepto, entiendo que tengo cosas que cambiar y mejorar pero no las convierto en un problema ni mucho menos en el látigo de mi autoflagelación. Me acepto YO y lo que veo y siento de mi mismo, no de aquello que dicen, acusan y señalan los demás, así sean cosas buenas, me importo yo, me reconcilio conmigo y así podré dar lo mejor de mí a mi entorno.

Nadie nos maltrata tanto como lo hacemos nosotros mismos. Nadie. Desde que nos auto-torturamos, hasta que permitimos que los demás se sobrepasen con nosotros.

El primer maltrato que nos infringen conciente o inconcientemente es aquel que desde pequeños nos condiciona a ser de una o de otra determinada forma, usualmente ajustados a las normas sociales y al qué dirán. Así crecemos, casi como robots autómatas, arrastramos la culpa durante la niñez, la adolescencia y en la adultez, tenemos el saco lleno. Nos sentimos desleales, malos, no-merecedores, impuros. “Yo no merezco que me quieras tanto”; “Aunque no merecía este carro, sorprendentemente me salió el crédito”. Los condicionamientos no nos dejan ser ni fluir.

Lo ideal es educar en el amor y el respeto. En lugar de buscar la correa o el zapato ante una pataleta, podemos abrazarlos fuertemente y verás como en breve su nivel de ira disminuye. Una vez que logras tranquilizarlo, puedes aplicar una sanción sencilla, como suspender por un día el video juego o la comiquita favorita, y esa sanción debe ir acompañada de inmediato con una explicación profunda pero con palabras sencillas que le hagan entender por qué lo que hizo está mal y por qué amerita la sanción. Los golpes ni los paradigmas de la sociedad, harán que tu hijo te respete más, por el contrario, estarás llenando una alcancía de ahorros en odio, rencor y resentimiento, que usualmente pasa factura en la adolescencia.

Entonces, si ya formaste parte de un proceso invasivo en el que no pudiste aceptarte desde pequeño y sientes la inquietud, lo único que podrías hacer es ir preparando tu cuerpo y tu espíritu para el cambio. Una vez que tu mente se hace conciente de que algo no marcha del todo bien, el proceso se desarrolla y llega solo. Medita, encuentra momentos para aquietar los monstruos de tu interior y el camino pronto se abrirá para que lo explores.

Los beneficios de este proceso de auto-aceptación se reducen a una palabra: AMOR. Te amas a ti mismo, irradias amor, amas a los demás, amas tu libertad y la de los demás; disfrutas la vida a plenitud y la amas como un regalo sagrado. Con amor todo estará bien. Pueden haber situaciones de desamor pero si dejaste entrar el amor a tu vida, el amor por ti mismo, todo va a estar bien, con amor, todo se supera. Cuando un abuelito vuelve del geriátrico a la casa con la familia y de pronto sus males desaparecen, recibe amor y se alimenta de amor. Cuando nos sentimos deprimidos el único aliciente pareciera ser un abrazo fuerte y silencioso, esa es una expresión de amor. Cuando conseguimos una planta que pareciera estar a punto de marchitarse y de pronto le echamos más agua de costumbre, le hablamos y nos sorprendemos con la recuperación de la mata, eso es un acto de amor.

Le tenemos miedo a esto tan mágico precisamente porque no estamos acostumbrados, tememos a lo desconocido, tenemos la frase trillada de “no todo puede ser perfecto”; y otro grupo le teme, huyendo de que los llamen cursis, raros o comeflor.

Una vez que te haces conciente de este proceso, no tienes retorno, puede que en algún momento no sientas evolución pero, nunca retroceso, cada sensación que vas a experimentar será mejor y más sanadora que la anterior, se sumará al cúmulo de lecciones aprendidas y crecerás espiritualmente, si te dejas llevar sin poner resistencia, sin pelear contigo mismo por tus sensaciones, el proceso te llevará de la mano.

Puedes consultar nuestras columnas en el blog www.jennymarques.blogspot.com. Agradecimientos a una gran compañera de camino Jenny Meléndez @jemelendez88 por aportar las ideas para esta columna. Sonríe siempre. Hasta la próxima.





jueves, 13 de junio de 2013

Crianza de a dos


La crianza, en nuestra sociedad actual, aunque usted no lo crea, cobra cada día más peso y valor. Nuestros niños violentos y reactivos solo gritan por mayor atención y amor de sus padres. Nos preguntamos: ¿Por qué es tan rebelde? Te has preguntado tu: ¿Le doy amor suficiente? La crianza es nuestro tema de hoy.

La mujer aporta al hogar la atención y cuidado de las personas, la comprensión, y la preocupación constante por los demás, así como el cuidado de las relaciones con la familia extensa y los amigos. Ofrece la calidez y ternura que necesitan los niños y que se expresa en constantes muestras de afecto y atenciones. El varón ayuda a descubrir la identidad de los hijos varones y afirma la feminidad de las hijas. Es el ejemplo de fortaleza, de resolver problemas y de sacar la familia adelante a pesar de las dificultades.

Las mujeres tiene muy clara su misión en la familia, pero a veces lo varones no asumen realmente su función paterna. Y esto es importante porque el involucramiento del padre evita el “infantilismo e inmadurez crónica” según el siquiatra Aquilino Polaino-Lorente.

Indica, además, que “el vínculo padre-hijo proporciona al niño que crece, la seguridad que tanto necesita. Le da confianza en sí mismo, elemento clave en el que se apoya toda su autoestima. El hijo, tras la exigencia del padre –que siempre debe ser exigencia amorosa – descubre que puede hacer más de lo que hace, que alguien confía en él y espera algo de él. Se siente valioso, pues si no lo fuera, su padre no le pediría nada”.



Algunas investigaciones provenientes de la Universidad de Newcastle, del Institute for American Values y la Heritage Foundation advierten sobre los efectos que causa la ausencia del padre, producto del divorcio, la separación o la  maternidad en soltería.  La falta del padre en el hogar supone para los niños perder protección física, compañía, afecto, además de un modelo masculino para los hijos varones.  La ausencia del padre se relaciona también con la delincuencia y el consumo de drogas entre los jóvenes, así como con el fracaso escolar.



La maternidad en soltería, cuando es buscada de manera intencional, revela un individualismo egoísta que cosifica al hijo, al convertirlo en un objeto de deseo, que satisface la necesidad personal de compañía. La dignidad de cada hijo, exige que padre y madre le reciban y eduquen con amor, en el núcleo estable del matrimonio.

Los tiempos actuales son exigentes para las familias, pues la mayoría de padres y madres deben trabajar fuera del hogar. Algunas barreras sociales como las jornadas laborales, la falta de incentivos para la maternidad, podrían superarse, si el padre, consciente de su papel de primer educador, se anima a compartir las tareas del hogar con su esposa.

No es posible que sólo la mujer asuma la parte “dura” de la educación y crianza (corregir, seguir el rendimiento escolar, organizar la casa); y el hombre se conforme con “relajar” o “divertir” a los niños.  Aquellos hombres que se sienten “liberados” de la carga de criar a sus hijos, en el fondo están privados de la verdadera madurez que supone sacar adelante un hogar, y se pasan su vida en un “limbo de perpetua adolescencia egoísta”.

El amor se representa o se sustenta en acciones concretas como: el respeto, es decir, darle valor a los criterios, deseos y gustos del niño o la niña. En “ponerse en sus zapatos”, para entender sus necesidades y la forma en que empiezan a percibir el mundo que les rodea.

Se debe dar ejemplo: es importante pedir a los y las niñas conductas que  seamos capaces de cumplir, como por ejemplo: no gritar para transmitir las ideas, no utilizar apodos hirientes, no mentir, ser generosos y solidarios/as, ser tolerantes y comprensivos con los demás, resolver los problemas de forma inteligente y no de forma agresiva o violenta; en otras palabras, practicar los valores que nosotros queremos inculcar y fortalecer en ellos/as.

Debemos establecer una relación de confianza y cercanía con nuestros hijos e hijas, tratar de ser lo más comunicativos posible y así crear las condiciones para que ellos/as lo sean con nosotros.

Hay que evitar formas autoritarias de corregir y más bien utilizar el diálogo que permita que nuestros hijos/as sientan que cuentan con apoyo, protección y comprensión.

Es importante dedicar tiempo para realizar juegos de calidad, en casa son muchos los que pueden inventarse de forma creativa que incrementen el tiempo que los padres comparten con sus hijos.

Ahora ustedes se preguntarán ¿qué pasa con la disciplina o los llamados límites? Pues ciertamente, esto es un aspecto fundamental en la educación y crianza de nuestros hijos e hijas, y debe entenderse como una oportunidad para que puedan crecer siendo perseverantes y asumiendo las responsabilidades de sus actos y decisiones. La disciplina nunca debe ser impuesta ni los límites asociados con el maltrato físico y/o emocional de un niño o niña. Lograr que un niño/a acoja una norma de comportamiento, debe ser producto de que entienda el por qué y para qué existe esa norma, de lo contrario lo verá como una imposición o arbitrariedad que le desafía.

Fuentes: Con extractos de un artículo publicado por la Mgtr. Gloria Huarcaya del Instituto de Ciencias para la Familia. Universidad de Piura. Perú.  www.ninosfelicesyseguros.com.


Si quieres sugerirnos algún tema, puedes escribirnos a gentesaludableradio@gmail.com. Hasta la próxima. Sonríe siempre.

viernes, 31 de mayo de 2013

Cigarrillo: historias de ex fumadores (II)


El 31 de mayo se celebra el Día Mundial del No Fumador. Este año me propuse presentarles algo distinto, testimonios de ex fumadores de algunos de mis seguidores en @gentesaludable.

María Agnello, tiene 46 años, vive en Carabobo, Venezuela. Comenzó a fumar formalmente a los 18 años una vez que ingresó a la universidad “cuando profesores y alumnos fumábamos en la misma aula”. Su papá era fumador pero no supo que ella había iniciado el vicio hasta que se casó.

“Me casé en el año 1992 con 25 años, luego de 6 años de noviazgo, él no fumaba y por eso peleaba constantemente conmigo pero yo no le hacía caso. Un año después, el día que supe que estaba embarazada de mi única hija, tenía una cajetilla en el bolsillo, la agarré y la boté” cuenta María.

Durante el embarazo el olor de sus dos vicios: el cigarrillo y el café, le repugnaban, lo que la mantuvo alejada de ellos. No fumó más hasta que su hija tuvo los 2 años de edad.

En este proceso su padre muere, cuando su hija apenas tenía 3 meses de nacida, la razón de su muerte: un enfisema pulmonar, causado por el cigarrillo. Aun así, ni ella ni sus 3 hermanas fumadoras abandonaron el vicio de inmediato.

“Yo no sentía nada extraño en mi cuerpo, a pesar de tener tantos años fumando, sin embargo, hacía solo eso, fumar, en cualquier momento. Cuando mi hija cumplió 5 años, mi esposo empezó a fumar; en breve descubrí que se había iniciado en el vicio, nuestro matrimonio se desmoronaba” recuerda María con tristeza.
Su hija entonces empezó a sufrir las consecuencias de los dos adultos de la casa “recuerdo que él comenzó a fumar cigarrillos caros porque según hacían menos daño. Así los dos manteníamos la casa envuelta en humo y mi niñita en medio, comenzó a tener alergias constantes, bronquitis; yo me sentía culpable pero aun así no lo dejaba”.

María cuenta que cerca de sus 30 años, es cuando empieza a notar el impacto de este vicio en su vida y en su cuerpo, “empecé a sentirme cansada, siempre tuve linda figura y empecé a perderla; si caminaba rápido sentía que moría; a medida que pasaban los años empeoré, por las noches me ahogaba al dormir, me asfixiaba, me costaba tragar; empecé a sentir un dolor en el hombro derecho que alcanzaba hasta la espalda por el mismo lado; la idea del cáncer rondaba mi cabeza. Luego vinieron los ataques de tos nocturnos, era una pesadilla para mi esposo y mi hija. Todas las noches me decía –a partir de mañana no fumo más- pero mi esposo seguía fumando y yo apenas lograba suspenderlo una semana y volvía de inmediato”.

“Me inscribí en el gimnasio porque empecé a verme flácida y con pancita, se me retrasó la menstruación y pensé que estaba embarazada; me hice exámenes médicos y resultaron quistes en los ovarios. El tratamiento incluía pastillas anticonceptivas que en conjunto con el cigarro fueron haciendo una bomba de tiempo en mi organismo. A los 3 meses, mientras me ejercitaba frente a mi hija, sentí taquicardia y caí desmayada partiéndome la nariz, solo escuchaba los gritos a lo lejos de mi hija. Todo lo que siguió fue muy traumático para mí, la cirugía, la recuperación, mi hija a toda hora preocupada y pendiente, decidí que ella no merecía esto”.



Así fue como María empezó el proceso de dejar el vicio, su esposo se empató en eso también, según nos cuenta no le costó tanto a él, pero a ella, mucho. “En las tardes tenía ataques horrorosos de ansiedad, los calmaba a punta de chocolates y de todo lo que mi familia me daba para que no recayera. Aumenté 7 kilos pero increíblemente me sentía bien, finalmente RESPIRABA, sentía los olores. Llevaba la cuenta minuciosamente: 1 mes, 2 meses, 6 meses, un año. Cada mes me hacía un regalo, pues todo lo que gastaba en cigarros ahora podía gastármelo en algún cariñito para mí”.

Su calidad de vida, la de su esposo y la de su hija, cambió y mejoró significativamente, el entorno familiar también y la relación de pareja limó todas sus asperezas. “Volví al gimnasio bajo vigilancia y tratamiento cardiológico, sigo con 4 kilos de más pero me siento feliz, sana, sexy y tengo una meta: correr mis primeros 10K en diciembre de este 2013, que es el mes en el que celebro un año más de vida”.

María respira, no solo su nariz, su alma y su cuerpo. Luego de 26 años fumando y 21 de matrimonio, ahora todo lo ve con otra mirada. Ella tiene 1 año y 8 meses sin fumar. Su hija ya tiene 18 años y estudia psicología. “Ahora me siento estupenda, puedo correr sin sentir que muero, no sentir dolores de ningún tipo.

Tener la piel de la cara luminosa y que la gente me lo diga. Ver a mi hija contenta es mi mejor recompensa, siempre me cuida mucho, supongo que por la mala experiencia de aquella vez”.

“Con mi esposo, después de que ambos dejamos el cigarrillo, la relación mejoró aún más. Ahora somos más compinches, más amigos, tenemos otros intereses, somos deportistas, hacemos ejercicios juntos, aunque ambos tengamos unos kilitos de más, no importa, yo me siento bella, sexy, con mis curvas y lo que tengo. 

Ahora como pareja nos sentimos con más vitalidad” nos cuenta María entre risas pícaras.


Cada historia que consigo me conmueve más, el “antes y después” de un fumador, es algo que vale la pena experimentar. Anímate, tu salud y tu vitalidad, te lo agradecerán. Sonríe siempre. Hasta la próxima.

viernes, 24 de mayo de 2013

El cigarrillo: historias de ex fumadores (I)




Todos los años escuchamos tipo radio prendido, una y otra, como el “cuento del gallo pelón” ¿lo recuerdan? Todo ese asunto de que el cigarrillo es malo, nocivo, que daña tus pulmones, que te resta vida, y una infinidad de etcéteras.

En esta oportunidad, conocí a Lina Andrade, ella vive en Píritu estado Anzoátegui, en Venezuela, tiene actualmente 36 años y 4 hijos: Carla de 16, Kike de 13, Carlos Augusto de 9 y Jean Carlos de 6 años. Ella nos contó su historia de fumadora que se extendió a lo largo y ancho de 13 años “descontando los embarazos” dice ella, ya que en cada embarazo dejaba de fumar hasta que terminaba de amamantar a sus bebés, luego inmediatamente volvía.

A los 14 años, por moda, comenzó el vicio a escondida de sus padres, en el liceo, luego lo continuó porque sentía calma ante la ansiedad. A los 18 años se casó con el padre de sus cuatro hijos, fumador también y a los 20, ya la pequeña Carla venía en camino “apenas supe que estaba embarazada de cada uno de mis hijos paraba el cigarrillo”.

“El cigarro era la muleta que me calmaba para seguir, mi calmante a tanta presión, mi resguardo, mi escudo. Todo lo arreglaba con un cigarrillo y un café. Mi calmante a la presión diaria, el trabajo (agente inmobiliario), la familia, la presión que existía y la que yo misma me creaba. A veces te estresas sin motivos o buscas algo para estresarte, a todo eso yo le huía con un cigarro”. Cuenta Lina con palabras precisas como si estuviera hablando de su mejor amigo o de su peor enemigo.

Hace 6 años, un día cualquiera, sin esperarlo o esperándolo silenciosamente con las súplicas a Dios en la cúspide de los labios, su esposo, luego de estar 6 meses enfermo con problemas de hipertensión y cardiovasculares en general, le sobrevino un infarto que lo apartó de su familia, en noviembre de 2006. “Imagínate, todo se derrumbó, todo quedó en negro, se acabó el color. Era el mejor padre que un niño podía tener, un amigo excelente de esos comprometidos, era un excelente ser humano; sus hijos y yo éramos su tesoro, era amante de su familia”.

Lina, al principio no vinculó directamente la muerte de su esposo con el cigarrillo, estuvo en evasión durante un largo tiempo. “Realmente nunca culpé al cigarrillo, cuando eres fumador no quieres asociarlo a nada tan terrible. Además que te imaginarás que el cigarrillo se volvió para mi más indispensable, fumé con mayor intensidad a partir de su muerte durante un año más; pero luego atravesé por mi propia guerra psicológica interna, hacía ejercicios y cuando terminaba me fumaba mis cigarrillos”.

Su vida dio un giro, el pequeño Jean Carlos tenía apenas 1 mes de nacido y ella no pudo seguir amamantándolo por su profunda depresión, se refugió en el cigarrillo “para mi era imposible dormir, fumaba al menos de 3 a 3 cajas y media al día. Aproximadamente a los dos meses, después de que paso la primera tormenta, la muerte, el velorio, el entierro, el aceptar que no llegará, decidí que todo tenía que empezar a cambiar”.

Es así como Lina nos cuenta cómo empezó a cambiar su historia a través del ejercicio “Empecé a caminar, caminaba 1 hora u hora y media, así que empecé a bajar el consumo de cigarrillo ya que estaba más cansada y por ende podía dormir durante la noche, llegaba de caminar a las 6am, desayunaba, tomaba café y fumaba algunos cigarrillos durante el día. De pronto decidí ponerle un stop por 5 meses, tiempo en el que aproveché de amamantar a Jean Carlos ya que la leche nunca dejó de salir y luego retomé el cigarrillo”.

Cuando Jean Carlos tenía 3 años de edad, Lina afrontó de cerca la muerte por cáncer de pulmón, de un amigo muy cercano, Claude Drouin, a quien tuvo que cuidar en sus últimos momentos. Estando ella presente, él falleció en un conato de tos y ahí fue cuando determinantemente decidió abandonar el cigarrillo. “Me vi ahí reflejada, me imaginé a mis niños pasando por eso y me dije: Hasta hoy, hasta hoy cualquier mal habito que tenga en mi vida, por mi y por ellos”.

Dejar el cigarrillo es solo cuestión de voluntad, así lo afirma Lina con su testimonio “Ya tengo casi 4 años sin tocar ni un cigarrillo y no lo evito, simplemente decidí que mi vida vale más que nada y me di cuenta que Dios me ama tanto que me regaló 4 hijos para cuidárselos y un nuevo amor para que me acompañe”.

Lina, la guerrera de esta historia, conoció a Frank en el 2007 pero no fue si no, hasta el 2010 que iniciaron una relación y en el 2011 se casaron. “Es un ex.fumador, muy sano, creo que ahora eso sería un impedimento a la hora de escoger pareja. Frank llegó nos conocimos largo tiempo pero en poco logró convertirse en mi ángel y el de mis hijos”.



“Tenemos una alimentación sana, somos casi vegetarianos, deportistas todos, estamos a favor de la salud, reconocemos que es la única manera de estar mucho más tiempo juntos y pasándola bien. Mi hija habla mucho con sus amigos fumadores para hacerlos reaccionar. Diariamente nos aprovechamos en cada momento que podemos estar juntos. Nos consideramos un gran y bello equipo”.

“Dejar el cigarrillo me hizo RESPIRAR con tanta facilidad, es maravilloso, hay mayor agilidad. Ya no tengo ese olor horrible que te queda en las manos, cabello y aliento. Hoy por hoy me cuesta pensar cómo vivía yo con ese olor, siempre supe que eso era feo. Emocionalmente me siento libre, boté la muleta, el cigarrillo es un grillete que reconoces que lo tienes cuando lo dejas”.

Agradecida inmensamente con Lina Andrade @LinaAndrade1412 por regalarme su historia. Hasta la próxima.



viernes, 26 de abril de 2013

El amor es para valientes II



La palabra clave “respeto” hacia el otro y hacia ti mismo. Si sientes que puedes herir o salir herido, retírate. El amor es para valientes. Así terminó nuestra columna de la semana pasada sobre el sexo sin compromiso y aquí seguimos como lo prometimos con la segunda parte.

No involucrar el apego o el corazón en una relación duradera de “solo sexo” es prácticamente imposible, ambos empiezan a hacer clic en cosas mutuas, comunes, son como cablecitos que empiezan a empatarse. Cualquier razón en el individuo va a ser suficiente. Irremediablemente si en su relación inmediata anterior las cosas terminaron echas polvo porque la comunicación era fatal, y en estos encuentros de intimidad consigues comunicarte con esa otra persona de manera asertiva y algo en ti se mueve, ahí se hace el primer clic. Si tu relación terminó por mala cama, y aquí todo fluye, te sientes desinhibido, en confianza, te abres a experimentar, derrotas tus tabúes y notas ese cambio en ti, se hace un nuevo clic. Ojo no es que tu cerebro dice “epa estoy haciendo clic”, evidentemente eso no ocurre así tan directamente, OJALÁ, ocurre de forma casi imperceptible para la mayoría, es decir, aquellos que vivimos temerosos de sentir y de enamorarnos. Para esos que nos duelen los abrazos como dolor anticipado “qué rico este abrazo, pero, ¿y si me deja? ¿y si abraza a otra igual que a mi? Y ya nos duele todo, nos duele el amor no sentido, nos saboteamos la felicidad, nos duele ser felices y la infelicidad se convierte en una cadena. En ese abrazo, que quizás es lo más honesto y sincero de ese hombre o de esa mujer esa noche, en lugar de entregarnos y simplemente sentir, sentir su olor, su piel, su respiración, sus latidos….no, venimos nosotros humanos pensantes, racionales andantes, activamos nuestros miedos y solo transmitimos tristezas, inseguridades, quién se queda así.

Muchas veces nos ha ocurrido que abrazamos a alguien de saludo cariñoso y luego pensamos “fulana tenía el aura como pesada, tiene las energías fuertes, sentí ese abrazo como triste”. Imagínate cómo se siente con aquella persona a la que le estás entregando tu intimidad, así sea solo sexo sin compromiso, el sentir es de estar vivos, es del ser humanos.

Ojo no estoy queriendo decir con esto que, si te abraza o si durante el sexo, le transmites amor, es garantía de que se va a quedar contigo juntos para siempre, no no, no estoy hablando de películas con finales rosas, estoy hablando de ser mejor persona, de encontrarte con ese amor que vive en ti.

Si vas a la cama con alguien pensando que el sexo es sucio, que estás gorda o gordo, que mejor con la luz apagada, que “por ahí no” porque no me gusta; si tú, hombre o mujer, vas a la cama pensando que esto es “una tiraíta y ya” y luego lo boto y me consigo a otro, no estás denigrando al acto ni a la otro persona, estas convirtiéndote en un desperdicio ambulante de ser humano. Eso lo hacen los perros, los gatos, que actúan en celo y por instinto pero para un humano con corazón, bolas y ovarios, es como muy poquítico.

Meter esos sentimientos en la cama es como mucho. Así sea de una noche, ese algo que te llevo a acostarte con esa persona debe prevalecer como un momento sagrado, ese que representa desnudarse y fundirse con alguien distinto a ti. Aunque sea por un instante tienes chance de honrar a ese ser que vive en ti.

Otro “coco” es la llamada del día siguiente. Eso que nos hace tan humanos y a la vez tan despreciables. Cualquier mujer y cualquier hombre también, estoy plenamente convencida que amaría una llamada del día siguiente similar a esto: “hola, como amaneces? Me alegro que todo bien, de verdad entiendo que lo nuestro de anoche fue un encuentro fortuito y quizás esta llamada te extrañe, pero quería agradecerte el momento que pasamos anoche, gracias por darme lo mejor de ti y hacerme sentir tan bien, si coincidimos de nuevo en algún momento, estoy seguro (segura) que será un placer enorme para mi. Un beso”.

Y dentro de ti se hace un clic gigante, gigantísimo, el de la decencia, la caballerosidad o el equivalente para las mujeres, y lo que sale de ti es simplemente un completo agradecimiento por ese tiempo que la otra persona dedicó para ti.


También pensarán que si el encuentro fue un “mal polvo” ni de casualidad tendrán ganas de hacer esa llamada. No estoy hablando de resultados, estoy refiriéndome a acciones. Esa persona pudo pasar su noche o su tarde con otro u otra, pero decidió pasarla contigo, honra esa decisión, honra ese instante mágico que significa tener un orgasmo con otra persona, ese instante que a ti te otorgó placer, satisfacción, saciedad, paz y a que otros amantes les bendice con amor, maternidad, vínculos, etc.

Nuestra no preparación para el amor, tarde o temprano nos hunde en el dolor. Ambos, hombres y mujeres sentimos ese dolor, bien sea en vacío que se busca llenar con decenas de parejas; en frustración a través de la violencia doméstica o simplemente en soledad, el tiempo avanza, la edad también y vamos quedándonos solos por dentro y por fuera.

Una historia bien vivida solo se paga con el precio del amor, ese mismo amor que nadie nos enseñó a sentir pero que siempre, cada día, cada amanecer está allí dispuestos a llevarnos de la mano por el sentir. El amor es para valientes. Hasta la próxima.


El amor es para valientes



Vivir la sexualidad a plenitud es un llamado de atención constante que late día a día en cada uno de nosotros, en los más introvertidos y los más extrovertidos, todos aunque sea en la intimidad más profunda desean con intensidad tener mejores orgasmos, satisfacer mejor a su pareja, ser cada día más creativos, tener mayor elasticidad, poder hacer nuevas posiciones; o cosas más sensuales como fantasear con un baño en pareja, un masaje erótico, etc. Todos en algún momento, tarde o temprano tenemos pensamientos recurrentes sobre esto.

En Venezuela somos criados en una sociedad de tabúes, incluso intra-muro. Más allá del tema religioso que respeto mucho por ser practicante, no nos crían para ser esposas creativas, ardientes, fogosas y activas sexualmente. De alguna parte del mundo o de alguna cabeza viene el modelo de la esposa ama de casa con el delantal puesto, llena de muchachitos y aburridísima preparando comida y limpiando la casa casi 24 horas.

 Esto es ilegal e inhumano.

Afortunadamente para algunos hogares, los hombres, algunos, han ido evolucionando hasta el punto de entender que las tareas de la casa deben ser compartidas así como todo aquello que ocurre en la pareja a diario. Algunas madres preocupadas se han esmerado por enseñarles a cocinar y pasar la escoba, cosa que agradecemos bastantísimo de este lado del género, aunque también es cierto, que a algunos no les enseñaron nada y por simple amor a ser “mejor pareja” lo intentan con bastante éxito, esto se los agradecemos aún más. Piensen que, si barremos y cocinamos entre los dos, las labores se terminan más rápido y nos vamos más rápido a la cama.

Es por eso que la fase de novios es tan divina y los matrimonios cada día se desploman más y más. A las mujeres no nos enseñaron a ser una ardiente esposa ni a los hombres les enseñaron a ser esposos fieles y ardientes con una sola mujer. A veces se conjugan los dos elementos, a veces uno de los dos, el hecho es que las relaciones fracasan estrepitosamente y seguimos sin abrir los ojos, el corazón, la mente y el alma.
Enamorarse es de valientes, sin duda.

Tampoco nos enseñaron a enamorarnos, a sentir el amor, ese que invade que te transforma de triste en alegre en segundos, sin razón aparente y que quita hasta el cáncer. ¿Cuántas personas mueren de una gripe y sus complicaciones por el simple hecho de estar solos sin nadie que los ame a su alrededor? El amor pleno es visto como el “coco”. Una frase famosísima se repite una y otra vez “el que se enamora pierde”. Y así va formándose generación tras generación.

El joven adolescente tiene en su mente “el que se enamora pierde” así que se acuesta con una y otra a la vez, aunque exista una que le guste profundamente, como no nos enseñan a entender y manejar nuestros sentimientos, la única forma comprensible de “desahogo” es el sexo y por allí empieza todo a confundirse. Sin contar sus derivados: el embarazo adolescente, las enfermedades de transmisión sexual, etc.


Por otro lado, las mujeres tienen en su mente un “me enamoré y me dejó” “enamorarse es malo” “usted tiene que guardarse para la familia y los hijos” y uno finalmente no entiende nada de nada, en la adolescencia uno no entiende nada que no lleve por nombre “mariposas” y por apellido “en el estomago”. Y no se trata solo de enamoramiento, en la adolescencia, que es cuando despertamos al mundo individual, solo hacemos esas cosas que nos mueven desde las entrañas, desde la boca del estomago, de resto nanai.

Entonces las mujeres entendemos, erradamente, que la única forma de atraer y mantener a ese ser que queremos y nos gusta es acostándonos con él así tengamos 3 días conociéndonos. Es la única forma en la que el hombre accede rápido y nosotras tenemos acceso rápido también a ese ser idealizado. Y esto ocurre desde la adolescencia en adelante, aunque nos hagamos llamar maduros, crecidos y mayores, en la adultez disfrazamos esto con algo conocido como “sexo sin compromiso” o “amigos con derecho” términos tan famosos que hasta películas con historias divertidas y finales felices ha logrado Hollywood.

El asunto es que en la realidad la mayoría de los finales no son tan felices. Al salir de estas relaciones un alto porcentaje queda devastado, triste, vacío, con un tiempo invertido que es solo experiencia. La única forma de que el sexo sin compromiso pueda darse de manera efectiva es que el encuentro se de solo una vez, queda como un recuerdo, una noche, una pasión, un momento y listo. Cuando las segundas, terceras y cuartas veces aparecen, se genera irremediablemente un vínculo. Para hombres y mujeres los vínculos son distintos pero son vínculos al fin. Para hombres inicialmente el vínculo es sexual, lo que la pareja le despierte sexualmente durante el encuentro; para las mujeres el vínculo es de piel, de miradas, de olor; ojo así seas una mujer liberal igual llegas a tu casa pensando “qué rico me miraba mientras yo le hacía tal cosa”, “me abrazó tan sabroso cuando terminamos”, en fin, es cosa casi de genética femenina, un poco de crianza, un poco de programación.

Para los hombres dije “inicialmente” ya que si deciden continuar con los encuentros empiezan a evaluar otros aspectos como creatividad, temas de conversación, compañía, la sensación de tranquilidad o no que experimenten en el encuentro, etc.

En este punto solo puedo decirles una palabra clave “respeto” hacia el otro y hacia ti mismo. Si sientes que puedes herir o salir herido, retírate. El amor es para valientes. Continuará.