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viernes, 26 de abril de 2013

El amor es para valientes II



La palabra clave “respeto” hacia el otro y hacia ti mismo. Si sientes que puedes herir o salir herido, retírate. El amor es para valientes. Así terminó nuestra columna de la semana pasada sobre el sexo sin compromiso y aquí seguimos como lo prometimos con la segunda parte.

No involucrar el apego o el corazón en una relación duradera de “solo sexo” es prácticamente imposible, ambos empiezan a hacer clic en cosas mutuas, comunes, son como cablecitos que empiezan a empatarse. Cualquier razón en el individuo va a ser suficiente. Irremediablemente si en su relación inmediata anterior las cosas terminaron echas polvo porque la comunicación era fatal, y en estos encuentros de intimidad consigues comunicarte con esa otra persona de manera asertiva y algo en ti se mueve, ahí se hace el primer clic. Si tu relación terminó por mala cama, y aquí todo fluye, te sientes desinhibido, en confianza, te abres a experimentar, derrotas tus tabúes y notas ese cambio en ti, se hace un nuevo clic. Ojo no es que tu cerebro dice “epa estoy haciendo clic”, evidentemente eso no ocurre así tan directamente, OJALÁ, ocurre de forma casi imperceptible para la mayoría, es decir, aquellos que vivimos temerosos de sentir y de enamorarnos. Para esos que nos duelen los abrazos como dolor anticipado “qué rico este abrazo, pero, ¿y si me deja? ¿y si abraza a otra igual que a mi? Y ya nos duele todo, nos duele el amor no sentido, nos saboteamos la felicidad, nos duele ser felices y la infelicidad se convierte en una cadena. En ese abrazo, que quizás es lo más honesto y sincero de ese hombre o de esa mujer esa noche, en lugar de entregarnos y simplemente sentir, sentir su olor, su piel, su respiración, sus latidos….no, venimos nosotros humanos pensantes, racionales andantes, activamos nuestros miedos y solo transmitimos tristezas, inseguridades, quién se queda así.

Muchas veces nos ha ocurrido que abrazamos a alguien de saludo cariñoso y luego pensamos “fulana tenía el aura como pesada, tiene las energías fuertes, sentí ese abrazo como triste”. Imagínate cómo se siente con aquella persona a la que le estás entregando tu intimidad, así sea solo sexo sin compromiso, el sentir es de estar vivos, es del ser humanos.

Ojo no estoy queriendo decir con esto que, si te abraza o si durante el sexo, le transmites amor, es garantía de que se va a quedar contigo juntos para siempre, no no, no estoy hablando de películas con finales rosas, estoy hablando de ser mejor persona, de encontrarte con ese amor que vive en ti.

Si vas a la cama con alguien pensando que el sexo es sucio, que estás gorda o gordo, que mejor con la luz apagada, que “por ahí no” porque no me gusta; si tú, hombre o mujer, vas a la cama pensando que esto es “una tiraíta y ya” y luego lo boto y me consigo a otro, no estás denigrando al acto ni a la otro persona, estas convirtiéndote en un desperdicio ambulante de ser humano. Eso lo hacen los perros, los gatos, que actúan en celo y por instinto pero para un humano con corazón, bolas y ovarios, es como muy poquítico.

Meter esos sentimientos en la cama es como mucho. Así sea de una noche, ese algo que te llevo a acostarte con esa persona debe prevalecer como un momento sagrado, ese que representa desnudarse y fundirse con alguien distinto a ti. Aunque sea por un instante tienes chance de honrar a ese ser que vive en ti.

Otro “coco” es la llamada del día siguiente. Eso que nos hace tan humanos y a la vez tan despreciables. Cualquier mujer y cualquier hombre también, estoy plenamente convencida que amaría una llamada del día siguiente similar a esto: “hola, como amaneces? Me alegro que todo bien, de verdad entiendo que lo nuestro de anoche fue un encuentro fortuito y quizás esta llamada te extrañe, pero quería agradecerte el momento que pasamos anoche, gracias por darme lo mejor de ti y hacerme sentir tan bien, si coincidimos de nuevo en algún momento, estoy seguro (segura) que será un placer enorme para mi. Un beso”.

Y dentro de ti se hace un clic gigante, gigantísimo, el de la decencia, la caballerosidad o el equivalente para las mujeres, y lo que sale de ti es simplemente un completo agradecimiento por ese tiempo que la otra persona dedicó para ti.


También pensarán que si el encuentro fue un “mal polvo” ni de casualidad tendrán ganas de hacer esa llamada. No estoy hablando de resultados, estoy refiriéndome a acciones. Esa persona pudo pasar su noche o su tarde con otro u otra, pero decidió pasarla contigo, honra esa decisión, honra ese instante mágico que significa tener un orgasmo con otra persona, ese instante que a ti te otorgó placer, satisfacción, saciedad, paz y a que otros amantes les bendice con amor, maternidad, vínculos, etc.

Nuestra no preparación para el amor, tarde o temprano nos hunde en el dolor. Ambos, hombres y mujeres sentimos ese dolor, bien sea en vacío que se busca llenar con decenas de parejas; en frustración a través de la violencia doméstica o simplemente en soledad, el tiempo avanza, la edad también y vamos quedándonos solos por dentro y por fuera.

Una historia bien vivida solo se paga con el precio del amor, ese mismo amor que nadie nos enseñó a sentir pero que siempre, cada día, cada amanecer está allí dispuestos a llevarnos de la mano por el sentir. El amor es para valientes. Hasta la próxima.


El amor es para valientes



Vivir la sexualidad a plenitud es un llamado de atención constante que late día a día en cada uno de nosotros, en los más introvertidos y los más extrovertidos, todos aunque sea en la intimidad más profunda desean con intensidad tener mejores orgasmos, satisfacer mejor a su pareja, ser cada día más creativos, tener mayor elasticidad, poder hacer nuevas posiciones; o cosas más sensuales como fantasear con un baño en pareja, un masaje erótico, etc. Todos en algún momento, tarde o temprano tenemos pensamientos recurrentes sobre esto.

En Venezuela somos criados en una sociedad de tabúes, incluso intra-muro. Más allá del tema religioso que respeto mucho por ser practicante, no nos crían para ser esposas creativas, ardientes, fogosas y activas sexualmente. De alguna parte del mundo o de alguna cabeza viene el modelo de la esposa ama de casa con el delantal puesto, llena de muchachitos y aburridísima preparando comida y limpiando la casa casi 24 horas.

 Esto es ilegal e inhumano.

Afortunadamente para algunos hogares, los hombres, algunos, han ido evolucionando hasta el punto de entender que las tareas de la casa deben ser compartidas así como todo aquello que ocurre en la pareja a diario. Algunas madres preocupadas se han esmerado por enseñarles a cocinar y pasar la escoba, cosa que agradecemos bastantísimo de este lado del género, aunque también es cierto, que a algunos no les enseñaron nada y por simple amor a ser “mejor pareja” lo intentan con bastante éxito, esto se los agradecemos aún más. Piensen que, si barremos y cocinamos entre los dos, las labores se terminan más rápido y nos vamos más rápido a la cama.

Es por eso que la fase de novios es tan divina y los matrimonios cada día se desploman más y más. A las mujeres no nos enseñaron a ser una ardiente esposa ni a los hombres les enseñaron a ser esposos fieles y ardientes con una sola mujer. A veces se conjugan los dos elementos, a veces uno de los dos, el hecho es que las relaciones fracasan estrepitosamente y seguimos sin abrir los ojos, el corazón, la mente y el alma.
Enamorarse es de valientes, sin duda.

Tampoco nos enseñaron a enamorarnos, a sentir el amor, ese que invade que te transforma de triste en alegre en segundos, sin razón aparente y que quita hasta el cáncer. ¿Cuántas personas mueren de una gripe y sus complicaciones por el simple hecho de estar solos sin nadie que los ame a su alrededor? El amor pleno es visto como el “coco”. Una frase famosísima se repite una y otra vez “el que se enamora pierde”. Y así va formándose generación tras generación.

El joven adolescente tiene en su mente “el que se enamora pierde” así que se acuesta con una y otra a la vez, aunque exista una que le guste profundamente, como no nos enseñan a entender y manejar nuestros sentimientos, la única forma comprensible de “desahogo” es el sexo y por allí empieza todo a confundirse. Sin contar sus derivados: el embarazo adolescente, las enfermedades de transmisión sexual, etc.


Por otro lado, las mujeres tienen en su mente un “me enamoré y me dejó” “enamorarse es malo” “usted tiene que guardarse para la familia y los hijos” y uno finalmente no entiende nada de nada, en la adolescencia uno no entiende nada que no lleve por nombre “mariposas” y por apellido “en el estomago”. Y no se trata solo de enamoramiento, en la adolescencia, que es cuando despertamos al mundo individual, solo hacemos esas cosas que nos mueven desde las entrañas, desde la boca del estomago, de resto nanai.

Entonces las mujeres entendemos, erradamente, que la única forma de atraer y mantener a ese ser que queremos y nos gusta es acostándonos con él así tengamos 3 días conociéndonos. Es la única forma en la que el hombre accede rápido y nosotras tenemos acceso rápido también a ese ser idealizado. Y esto ocurre desde la adolescencia en adelante, aunque nos hagamos llamar maduros, crecidos y mayores, en la adultez disfrazamos esto con algo conocido como “sexo sin compromiso” o “amigos con derecho” términos tan famosos que hasta películas con historias divertidas y finales felices ha logrado Hollywood.

El asunto es que en la realidad la mayoría de los finales no son tan felices. Al salir de estas relaciones un alto porcentaje queda devastado, triste, vacío, con un tiempo invertido que es solo experiencia. La única forma de que el sexo sin compromiso pueda darse de manera efectiva es que el encuentro se de solo una vez, queda como un recuerdo, una noche, una pasión, un momento y listo. Cuando las segundas, terceras y cuartas veces aparecen, se genera irremediablemente un vínculo. Para hombres y mujeres los vínculos son distintos pero son vínculos al fin. Para hombres inicialmente el vínculo es sexual, lo que la pareja le despierte sexualmente durante el encuentro; para las mujeres el vínculo es de piel, de miradas, de olor; ojo así seas una mujer liberal igual llegas a tu casa pensando “qué rico me miraba mientras yo le hacía tal cosa”, “me abrazó tan sabroso cuando terminamos”, en fin, es cosa casi de genética femenina, un poco de crianza, un poco de programación.

Para los hombres dije “inicialmente” ya que si deciden continuar con los encuentros empiezan a evaluar otros aspectos como creatividad, temas de conversación, compañía, la sensación de tranquilidad o no que experimenten en el encuentro, etc.

En este punto solo puedo decirles una palabra clave “respeto” hacia el otro y hacia ti mismo. Si sientes que puedes herir o salir herido, retírate. El amor es para valientes. Continuará.